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  Dr. Miguel C. Rubino - Biografía Ampliada
 


    Miguel Rubino nació en Durazno en 1886, proviene de una familia de inmigrantes italianos muy humilde. El ambiente familiar de Rubino intensamente afectivo, es de estrechez económica, consistiendo la única fuente de recursos, una pequeña chacra que cultiva con los suyos.  El contribuye a vender estas cosechas por las calles de Durazno.
    Una etapa difícil en su vida son sus años de adolescente. Las posibilidades escolares de la ciudad de Durazno aparecían inciertas por la carencia de Liceo de enseñanza media; su situación económica no le permitía, en el momento, trasladarse a Montevideo, para completar el ciclo secundario de la instrucción. Pero la voluntad, de un selecto núcleo de intelectuales, coterráneos o radicados en el departamento, (Dres. J. Revert; E. Bastos; E. Penza, T. Piñeyro, entre otros) consiguen superar esa dificultad; se levanta un Instituto docente sin ningún sostén oficial, recogiéndose para su funcionamiento el aporte generoso de profesionales locales que sirven para instalar modestos laboratorios, gabinetes y museos.  El profesorado enseña desinteresadamente. Los alumnos de cursos superiores, después de asistir a sus clases, estudian lecciones ya cursadas y actúan a su vez, como maestros de cursos inferiores, entre los que se encuentran Miguel Rubino, quien dictó clases de Física, Química y Zoología, y su hermano Pascual Rubino quien será médico humano.
    Rubino encabeza este magnífico esfuerzo. Lo relata así el propio Doctor Rubino en su discurso agradeciendo el homenaje que Durazno le tributó en 1934: “La función de profesor nos obligaba a realizar un esfuerzo considerable para dominar el tema a fin de poderlo explicar, lo que despertaba la emulación entre nosotros...” La falta de aparatos la suplíamos construyéndolos nosotros mismos; en química muchas veces usábamos botellas comunes en lugar de los frascos de Wolf. Organizamos un museo de Zoología con la Fauna Nacional. En el deseo de superarnos tratábamos de desarrollar todas las experiencias que estuvieran a nuestro alcance. Con cierta frecuencia la explosión de un aparato perturbaba la tranquilidad del barrio y paralizaba transitoriamente nuestro entusiasmo”.
    La calidad de la enseñanza que impartieron aquellos improvisados docentes, fue reconocida por un importante integrante de las Comisiones que la Universidad de la República enviaba para tomar los exámenes: el Dr. Carlos Vaz Ferreira, quien manifestó textualmente que “le complacía llegar a Durazno y ver aquel liceo donde los profesores eran los mismos alumnos, quienes manejaban los tubos de ensayo y los aparatos de física con tal naturalidad que parecía que nunca hubieran hecho otra cosa” Y, en forma especial, señaló: “Allí, y en esas condiciones, conocí a los jóvenes Pascual y Miguel Rubino”, quienes mantuvieron con éste posteriormente una cordial relación.
    Dice Rubino: “Este constante esfuerzo que se metodizaba gradualmente, tuvo una influencia apreciable sobre los alumnos de aquella época, en cuanto a mí puedo decir que fue decisiva”.
    Hacia 1905, Rubino se trasladó a la capital, enfrentando el incierto porvenir económico que se le presentaba. Los magros ingresos obtenidos como preparador en un laboratorio de Química de la Sección Enseñanza Secundaria, facilitan su sustento material.
    En 1909 recibió su título de Médico Veterinario, exonerado del pago de derechos en mérito a su brillante escolaridad, e ingresa en la Dirección de Ganadería donde su horizonte económico es menos estrecho y se abre un futuro sin limitaciones angustiosas para sus actividades de experimentación científica. Pero el amor al terruño lo vuelve a Durazno y allí en 1920, con el apoyo de la Sociedad Rural local, el Instituto del cual depende, le crea y supedita a su dirección la Estación Experimental de Epizootias, primer establecimiento en su género que se instala en el país. Con su actividad sienta las bases de la investigación científica en materia veterinaria en Uruguay. La relación cronológica de la labor de Rubino que abarca desde aquel  jalón, un lapso de seis años, es intensa. Sus trabajos sobre biología de la garrapata, y lucha contra este nocivo flagelo de la ganadería, adquieren rápida y prestigiosa difusión. Establece la concentración de los baños garrapaticidas, la duración de los mismos y los intervalos más favorables para el saneamiento de lo campos. Estudia la posible infestación de otras especies animales por la garrapata y así, su importancia para la propagación de la plaga; concreta experiencias de transmisión  de la piroplasmosis bovina a los ovinos y también encara el problema de las diferencias de los diversos tipos de piroplasmosis.

    A su obra específica veterinaria se debe añadir otra faceta que completa la figura social del científico: Rubino se siente afectado por la pequeñez del ambiente científico local y quiere que sus coterráneos sigan sus huellas de benefactor científico. A pesar de las rivalidades de pequeño ambiente que separaban a los técnicos locales, Rubino consigue aunar voluntades y unificar los esfuerzos, creando en su laboratorio y a su alrededor, la Primera Sociedad Médica y el Primer Sindicato de la Profesión en el Interior de la República, quienes se reunían periódicamente para comentar y estudiar todos los problemas de orden científico de interés para la localidad y para la ciencia en general.
    Al final de este período, comienza a profundizar en los grandes problemas biológicos, y así logra sus primeras grandes satisfacciones, preparando en Durazno, como primero en el país, el compuesto de bismuto que en la época constituía el máximo adelanto de los sabios franceses en la terapéutica de la sífilis, y también comienza a destacarse en el estudio de las técnicas de serodiagnóstico y especialmente de equilibrio de los sistemas hemolíticos.
    No limita su campo a la investigación en el área de las enfermedades animales. Rubino tenía talento de investigador. Entre sus aportes más notables a la humanidad, recordaremos uno que le valió el reconocimiento del mundo científico: su técnica para el serodiagnóstico de la lepra, conocida mundialmente como “reacción Rubino”. La misma descubre los errores de diagnóstico clínico que llevaban al aislamiento y a la exclusión a personas que estaban aquejadas de otras enfermedades.
    En mérito a este descubrimiento el Gobierno de la República facilita a Rubino una estadía de dos años en dos grandes centros científicos europeos. Trabaja en Berlín, en el Instituto Biológico “Káiser Wilhem” y en Francia, en el Instituto “Pasteur” de París.
    Su obra inconclusa en algunas de sus partes por su inesperada muerte, comprendió trabajos e investigaciones sobre premunición contra la piroplasmosis; diagnóstico de la Enfermedad de Bang; diagnóstico y vacuna de la Peste Porcina; diagnóstico de la Pullorosis y Tifosis Aviarias, Carbunclo, piojera y sobre todo son de destacar sus trabajos sobre Fiebre Aftosa.
    En las postrimerías de su vida trabaja para la creación del Instituto contra la Fiebre Aftosa, que se concreta ya desaparecido el científico.
    El perfil más neto de Rubino, desde su niñez hasta su muerte, es del auto-didacta. Se forma solo, luchando contra el medio, contra la fortuna, contra la incultura, y se abre camino conquistando voluntades, porque da siempre, más de lo que pide.

    Señala el Profesor Clemente Estable en su oración en el sepelio del doctor Rubino: “Generoso en todo, siempre los otros eran primero, él después o nunca. Dueño y señor de su modestia, nada ni nadie pudo alterarla”.
    Y más adelante dice el profesor Clemente Estable en su oración de despedida en el cementerio el 8 de mayo de 1945: “(...)   vuelva en nosotros a la plenitud de la Vida, el espíritu de quien vivió entre nosotros como un santo laico, el de Don Miguel el discreto, el de Don Miguel el sensato, el de Don Miguel el sesudo, el de Don Miguel el bueno (...)”

CRONOLOGÍA

1886. Nace en Durazno
1905. Llega a Montevideo y trabaja en un laboratorio de química de Enseñanza Secundaria
1909. Obtiene el Título de Médico Veterinario e ingresa a la Dirección de Ganadería
1920. Vuelve a Durazno para dirigir la Estación Experimental de Epizootias.
         Analiza la biología de la garrapata. Convoca y aglutina a todos los profesionales de  Durazno en  el
         Sanatorio Veterinario adquiriendo el carácter de un pequeño Ateneo.
1926. Funda junto a otros ilustres investigadores (Clemente Estable, Benigno Varela Fuentes, Francisco Sáez,
         Ergasto Cordero, Washington Isola y otros) la Sociedad de Biología.
1927. Realiza una investigación sobre supervivencia del virus aftoso en carnes refrigeradas.
1932. Creación del Laboratorio de Investigaciones Veterinarias, del cual fue designado Director Docente de la
         Facultad de  Veterinaria.
1933-1940. Llevó a cabo investigaciones precursoras en materia de modificación del virus aftoso para su
         utilización como vacuna.
1933. Fue desterrado por motivos políticos, un gobierno dictatorial le obligó a radicarse en Buenos Aires hasta
         julio de 1934.
1934. Cuando regresó, la Sociedad de Medicina Veterinaria con el respaldo de la colectividad profesional obtuvo
         la reposición de Rubino en la Dirección del Laboratorio de Investigaciones.
1934. El pueblo de Durazno, le tributó un emocionante homenaje de desagravio que contó con la presencia de 
         figuras prominentes de la cultura uruguaya. Como Carlos Vaz Ferreira, Clemente Estable, Emilio  Oribe,
         Leonardo Ipuche, Emilio Penza y otros.
1940. Fue cofundador de la Sociedad Uruguaya de Microbiología.
1945. El 7 de mayo falleció el Dr. Miguel C. Rubino 

Fuente bibliográfica
- Prólogo de “Compilación de Trabajos Científicos del Dr. MIGUEL C. RUBINO”. Ministerio de   Ganadería y Agricultura. Montevideo. 1946 pp. 11-16
- Homenaje a Miguel Rubino. Academia Nacional de Veterinaria. 1995,  50 pp.
  Editorial Hemisferio Sur S.R.L.

 
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