Casa-Quinta y Familia Vaz Ferreira                                                           
 


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La Quinta

    Según su hija Matilde, la quinta donde tuvieron una infancia feliz, se la debían a las gallinas. En su libro “Recuerdos de mi padre” cuenta que, caminando él por el barrio Atahualpa, vio un terreno cubierto por pasto muy verde y dijo: “Qué lindo lugar para soltar mis pollos”, y decidió alquilar ese predio a fines del siglo XIX.     Pensó entonces comprarlo apenas pudiera, lo que hizo algunos años más tarde. En su archivo particular hay un recibo de ($20) por pago del alquiler de la primitiva casa-quinta en la que nacieron sus primeros hijos.” 
    En 1900, a los 28 años, se casó con una brillante maestra de gran vocación docente: Elvira Raimondi. Vivieron cinco años en la calle Colón, en un solar donde se dice había vivido Artigas, y también en la calle Cerrito. Finalmente se trasladaron al tranquilo barrio Atahualpa, a la quinta, donde nacieron sus ocho hijos.
    En la actual calle Carlos Vaz Ferreira 3610, ex calle Caiguá, subsiste la que fuera casa-quinta del filósofo, actualmente declarada Monumento Histórico Nacional. La evocación afectiva de su hija, Sara Vaz Ferreira de Echevarría, nos permite establecer que dicha quinta fue comprada en 1900, en la que existía una muy antigua casona a la cual comenzó a venir en verano con su esposa, Elvira Raimondi y sus hijos, ya que en invierno todos vivían en la casa de la madre de Vaz Ferreira, doña Belén Ribeiro de Vaz Ferreira, en la Ciudad Vieja.
    La niñez del Dr. Carlos Vaz Ferreira transcurrió en una gran y hermosa quinta en el Prado, que el deterioro económico de la familia de sus padres, obligó posteriormente a vender. Tenía muy buenos recuerdos de su infancia en contacto con la naturaleza, y quería lo mismo para sus hijos.
    Más adelante la familia se trasladó a vivir en la quinta, invierno y verano, ocupando dos piezas principales, el escritorio y los libros del jefe de familia, a las que les sucedían los dormitorios.
    En 1918, con un dinero ganado como abogado en el estudio del Dr. José Irureta Goyena –con quien ejerció la profesión por algún tiempo- Vaz Ferreira hizo construir una nueva casa por el arquitecto Alberto J. Reboratti, cuyos interiores y la mayoría de sus muebles fueron decorados y diseñados por su buen amigo el pintor Milo Beretta. La casa fue ampliada por única vez en 1928 por la firma Bello-Reboratti. Desde entonces y hasta el presente no sufrió alteración de ningún tipo.
    Tuvieron ocho hijos. Actualmente no vive ninguno de sus hijos, en el 2006 falleció el menor de ellos, Raúl.
    Tanto Don Carlos como su hermana la poetisa María Eugenia Vaz Ferreira, nunca fueron a la escuela sino que hicieron la educación primaria en su casa. Lo mismo sucedió con todos sus hijos.


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La educación en la Quinta

    Vaz Ferreira predicó durante años sus parques escolares, donde los niños estuvieran en contacto con la naturaleza, pero ese sueño sólo lo vio realizado en su casa-quinta, bajo el cuidado de su esposa como maestra, y sus hijos como educandos. Prefirió que su esposa abandonara el magisterio para consagrarse totalmente al hogar. Ella accedió a renunciar a su vocación, intereses y aún a sus amistades para dedicarse, con el apoyo de su esposo, a esa misión. Elvira fue el eje alrededor del cual giraba la vida familiar, siempre preocupada salvaguardar el ambiente de serenidad necesario para que se permitiera conciliar el trabajo intelectual y pedagógico de Vaz Ferreira con la escolarización de los ocho hijos en el hogar. Articuló con naturalidad la intimidad familiar con las tertulias culturales y musicales.
    Su hija Sara, en su publicación “Vida, obra y personalidad de Carlos Vaz Ferreira”, recuerda que sus horas de estudio eran de 8 a 12 y de 13.30 a 17.30. Las tareas pedagógicas se alternaban con iniciación en quehaceres del hogar, así como jardinería. El padre les enseñaba gimnasia y deporte (pelota vasca) que consideraba ideal para la mujer. Se juega tirando contra la pared una pelota liviana con una paleta especial llamada “share”. El jugaba en el Euskal Erría. No excluía otros deportes, pero éste era su predilecto. Cuando construyó en la quinta su nueva casa para sustituir a la antigua que estaba muy deteriorada, mandó hacer una cancha de pelota vasca, pero no logró interesar en ese deporte a ninguno de sus hijos. Se alternaban el estudio reglado y las labores domésticas con el tiempo libre y el “ocio noble” que abarcaba lecturas, juegos y deportes.
    Fue creencia generalizada –puesto que en la quinta existía un escritorio para María Eugenia Vaz Ferreira- que la poetisa había residido en la misma. Pero Sara Vaz Ferreira, desmiente la versión y dice: “No, ella vivía en la casa del centro, con mi abuela. Mi padre le había dispuesto una habitación, pero sólo pasó aquí una noche, y como nosotros, que entonces éramos niños, hicimos tanto barullo, hizo sus valijas y se fue, creyendo que todas las noches sucedía lo mismo. Lo que ella no sabía era que esa noche era muy especial porque era 6 de enero y habían venido los Reyes Magos”.

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                                                       El Jardín


Foto 11

    Y continúa SaraVaz Ferreira: “Cuando Vaz Ferreiracompró la quinta, que abarca cuatro solares, ésta ya tenía muchos árboles, pero él mejoró el arbolado agregando otros, y los cuidó durante toda su vida. Respetó todos los árboles existentes y fue agregando otros. Había en ella cipreses, papiro, azafrán, eucaliptus, magnolias, ligustros. Además de los plantados por la mano del hombre, estaban los que surgían por la gracia... íbamos a decir de Dios pero decimos, en homenaje al filósofo de la duda, de la naturaleza”.
    “Todos crecían juntos y entreverados y por ellos trepaban como podían en busca de aire y sol, hiedras y enredaderas. El conjunto, no sé qué impresión haría a los amantes de los jardines ingleses, pero a nosotros nos resultaba maravilloso. Vaz Ferreira quería su quinta así: salvaje y desarreglada, librada a su evolución natural. Se paseaba por ella o, sentado, contemplaba”.
    “También crecían plantas silvestres, que no sacaba. Crecían todos los árboles juntos y entreverados, y en ellos trepaban hiedras y enredaderas. Amaba mucho la naturaleza. Para no cortar una grevillea, interrumpió el cerco del frente, que por una ordenanza municipal le obligaron a construir, y con el que debió, con disgusto, sustituir al antiguo cerco de hierro recubierto por plantas trepadoras”.

    “Quería mucho a una vieja glicina que tenía frente al antiguo escritorio. Hizo desviar varios metros la línea de edificación de la nueva casa, contrariando la opinión del arquitecto Reborati que la proyectó.

"Gustaba mucho de las flores; en su quinta había jazmines de varias clases y colores, glicinas, rosas, etc. En todo tiempo nos invadía al penetrar en la selva su inconfundible perfume”.
    “Las flores eran intocables: había una prohibición expresa al respecto, al punto de haber querido despedir a empleadas que, con la mejor intención, sacaron algunas para los floreros. En ocasiones los visitantes ignorantes de la interdicción la violaban, lo que provocaba la indignación de nuestro padre. Como a su esposa le gustaban mucho las flores y adornar la casa con ellas, en ocasión del nacimiento de uno de sus hijos le regaló un terreno adyacente a la quinta, que pasó a formar parte de ella, y allí plantó muchas flores que ella cortaba para los floreros, especialmente los del escritorio de su esposo”.
    “En el reino vegetal, Vaz Ferreira se quedaba en lo bello. Gustaba poco de lo útil. Había unos pocos frutales, probablemente puesto por los dueños anteriores. En una ocasión se agregaron algunos, pero entendemos que con vista a las flores. Tenía predilección por todo lo silvestre”.
    “Tampoco dejaba retirar ramas y hojas caídas, pero si se trataba de papeles, latas  o algo ajeno a la naturaleza, lo retiraba, incluso con sus propias manos. Un viento fuerte derribó un paraíso que quedó obstruyendo el camino. Vaz Ferreira aceptó el ofrecimiento de un amigo que tenía aserradero, de retirarlo para despejar el paso, pero dicen que luego se sintió como un traidor”.
    “Pasemos al reino animal: Vaz Ferreira prefería a todo, los pájaros. La quinta arbolada los atraía naturalmente. Respetando los deseos de nuestro padre, nunca se los persiguió. Incluso hacía colocar en lugares apropiados agua y comida para atraerlos. Y cuando construyó, en el mismo lugar que ocupaba su vieja casa ya inhabitable una nueva para sustituirla, hizo poner en el mirador que la domina una serie de nidales con la esperanza de atraer uno de sus pájaros favoritos: las golondrinas”.
    “Vaz Ferreira no logró sus propósitos: las golondrinas siguieron pasando de largo. Sólo atrajo gorriones, que, por lo demás, son muy hermosos también”.
    “En cierto momento de aflojamiento de una de sus normas básicas: libertad, la más posible, para los más posibles, hizo construir algunas pajareras y las llenó de Foto 12pájaros nacionales y extranjeros. Todos los domingos llegaba a su casa un pajarero con pájaros de muchas especies y colores. Algunos que eran de otros climas, requerían cuidados especiales para aclimatarse. También, en ocasiones, recordamos haber acompañado a nuestro padre en sus visitas a la feria dominical; pasaba de largo, sin mirar para ningún lado, por los innumerables escaparates de variadas mercancías y se dirigía, invariable y exclusivamente, a la sección de pájaros, donde los adquiría, hermosísimos. Cuenta una de sus hijas, que después de algunos años, terminó por abrir todas las jaulas y liberar las aves”.

    “Le gustaban mucho las gallinas por las que sentía mucho cariño. Se levantaba temprano para darles de comer, y registraba los cruzamientos y las crías con el fin de mejorar la raza. Anotaba raciones, plumajes y otros detalles. Criaba gallos ingleses sobre los cuales hacía estudios de genética aviaria. Tenía conocimientos muy avanzados para la época sobre la comunicación entre estas aves. Les ponía nombres pintorescos. “Spencer” era uno de sus gallos. En su escritorio, donde sus hijos generalmente no entraban, permitía que una gallina fuera todos los días a poner un huevo entre sus papeles de asuntos que postergaba “para mejor resolver”. Sus gallinas eran de la raza de las de riña. Era también un buen conocedor de los insectos, y en la quinta instaló además un estanque con peces”.

    “Entre los papeles que llevaba en su cartera el último día de su vida, había una lista de lo que necesitaba traer a la quinta para volverla a lo que fue su apogeo. Pedía camalotes, sapos (que estaban entre sus animales preferidos), caracoles blancos, mariposas blancas, etc.”


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La casa y la decoración




    “En el reino mineral, gustaba de las ágatas: tenía unas cuantas en su escritorio, ya como piedras sueltas, ya formando pequeños objetos: lámparas, cenicero, en artística integración dirigido por Milo Beretta. La casa existente actualmente en la quinta fue construida por el arquitecto Alberto J. Reboratti., el pintor Milo Beretta, un amigo de Don Carlos, la decoró. Los muebles fueron hechos en el taller de la Escuela de Artes y Oficios, en madera de limonero según el libro de Sara Vaz Ferreira. Parte del mobiliario de la casa, hecho en los talleres de la Escuela de Artes y Oficios que entonces dirigía Pedro Figari, fue adquirido por el Dr. Vaz Ferreira en un remate. En su dormitorio colocó además unas lámparas muy decorativas (también hechas en los talleres mencionados) cuya luminosidad era escalonada, de manera que la última era la única que realmente alumbraba. Eso daba al cuarto un aspecto lúgubre, aún en pleno día. Pero aún así no permitía cortar un ciprés cuyas ramas cubrían la ventana de su dormitorio. Otras tres lámparas muy originales, diseñadas por Milo Beretta, penden aún sobre la mesa del gran comedor”.
    “La pieza más importante de la casa es la biblioteca-escritorio, cuyo cielorraso fue también decorado por el pintor Beretta con diseños americanos pre-hispánicos. Ceniceros, lámparas y herrajes de los muebles fueron hechos sobre diseños del taller de Pedro Figari. Había en esta pieza una mesa-tablero de ajedrez, juego que era uno de los pasatiempos del Dr. Vaz Ferreira. Algunas noches iba al Club Español a jugar o a ver jugar al ajedrez. Esa mesa aún se conserva en la casa”.

 


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El Arte

“Vaz Ferreira, en esta materia, fue un fino sentidor, gustaba del arte en muchas de sus formas: pintura, literatura, arquitectura, poesía, música. Era buen amigo de la buena poesía, juzgada con un criterio amplio, acogedor”.

Foto 14    La Música.  
    “En cuanto a la música, fue, de lejos, su arte favorito. Durante largos años su presencia era habitual en las salas de conciertos de Montevideo; no era raro que, en virtud de su puntualidad, la más desarrollada en él de las virtudes chicas, llegara al teatro cuando recién abrían las puertas, o esperara con ellas cerradas”.

    “A medida que fueron transcurriendo los años, organizó las cosas cada vez más adecuadamente, a efectos de gozar en el hogar de su arte favorito: adquirió aparatos de reproducción de sonido que fue gradualmente mejorando de acuerdo a los avances en dicha técnica, integró una amplia discoteca, su biblioteca-escritorio fue ampliada para sala de música. Gustaba de oír música solo o acompañado: invariablemente reunía los jueves de 18 a 20 horas, un grupo selecto de oyentes seleccionado entre sus amigos y los amigos de sus hijos. Reunió una gran colección de discos muy selectos, y tenía ejemplares únicos que en ocasiones prestó al SODRE y a la radio Jackson. Don Carlos anotaba números y recetas para lograr el mejor sonido de los discos, recomendaciones sobre graduables disminuciones de peso de las membranas por medio de una palanca, o sobre los mejores árboles de donde podían extraerse las espinas para las púas que él mismo hacía. En la biblioteca, los discos fueron gradualmente desplazando a los libros”.
    “En su discoteca reinaba un orden perfecto. Para marcar los álbumes usaba figuras geométricas en papeles de diferentes colores que pegaba en el lomo de los álbumes. Así conocía siempre la ubicación exacta de cada obra. El catálogo estaba en permanente renovación, porque siempre agregaba nuevas obras de autores modernos y antiguos, en general los clásicos. Tenía predilección por Mozart y Bach (de este último tenía más cantatas que el SODRE). Gradualmente fue incluyendo obras de Orff, Honegger, Kachaturian y otros autores recientes. Cuando Hitler dijo que la filosofía de Wagner lo había inspirado en la horrenda campaña, no volvió a escuchar a Wagner hasta después de la derrota del nazismo. Tras la muerte de su esposa, redujo el repertorio musical, no volviendo a tocar hermosas creaciones que eran las que ella prefería (como el concierto Nº 24 de Mozart, sonata en la mayor de Franck, la sexta sinfonía de Beethoven y otras). Para los conciertos exigía puntualidad, y estaba prohibido hablar mientras sonaba la música”.
    “A veces se hacían también conciertos los viernes por la noche, no con el tocadiscos sino con músicos. Los asistentes a todas estas audiciones eran de ideologías diversas y tendencias muy variadas. Allí se conocía gente heterogénea, y se escuchaban a veces obras en primera audición para el Uruguay”.

    Cuenta su hija Matilde, que entre los músicos que visitaron la casa figuraron artistas de la talla de Brailowsky, Friedman, Risler (con quien jugaba al ajedrez), Rubinstein, Viñes y otros que accedieron a ir a lo de Don Carlos, llevados por el Sr. Saúl Sempol, representante de la firma Iriberri, y tocar en su piano, un Gothian Steinway vertical. Entre nuestros músicos compatriotas, actuó el violinista Carlos Demicheri acompañado al piano por su hermana, Eduardo Fabini que tocó el violín entre los árboles de la quinta, Luis Cluzeau-Mortet, Mercedes Olivera, Fanny Ingold, Julio Martínez Oyanguren, Bettina Rivero, Victoria Schenini y muchos otros. Lidia Indart actuó con su orquesta de cámara. Cuando Don Carlos cumplió 85 años, Delia Staricco le regaló una audición de canto que lo deleitó enormemente. Matilde recuerda la gran alegría que tuvo cuando se enteró de que Luis Batlle Ibáñez había dicho a su madre que el mejor festejo para su cumpleaños sería escuchar música en lo de Vaz Ferreira, lo que se llevó a cabo. Estas veladas musicales tenían alta calidad artística. Los que gozaron de ellas conservan un nostálgico y grato recuerdo.

    La pintura.
    “
Carlos Vaz Ferreira no sentía por la pintura el mismo interés que por la música. Admiraba los cuadros de su amigo el pintor Milo Beretta, de los cuales poseía muchos, regalados por el autor. Durante una visita al Jockey Club de Buenos Aires admiró mucho un cuadro pequeño de Goya “El ahogado” que se supone fue destruido cuando el incendio del club. También cuando la exposición retrospectiva francesa que se realizó en la sala de exposiciones que existía en los altos de la manzana del Teatro Solís, quedó entusiasmado con un “Paisaje nevado” de Valminck, con “Lluvia” de Van Gogh y con algunos otros”.
    “No le gustaba que se hiciera su retrato. Sólo posó ante el dibujante ruso Lubkin, y ante su amigo Milo Beretta, cuyo retrato quedó sin terminar. Menos aún le agradaba la escultura, que consideraba un “arte póstumo”. Nunca quiso reconocer la recia creación de Eduardo Yepes, escultura que hizo el artista sobre la base de apuntes tomados durante los conciertos en su casa”.
    “Vaz Ferreira cultivaba la amistad con personalidades con las cuales se veía con frecuencia. Por su casa alternaron figuras como Enrique Legrand, Milo Beretta, Federico Capurro, Juan Capurro, Enrique Dieste, los hermanos José Pedro y Jacobo Varela, Juan Zorrilla de San Martín, Domingo Arena, Esther de Cáceres, Emilio Oribe”.


    
El filósofo tuvo un encuentro con Albert Einstein  cuando este último visitó Uruguay, en abril de 1925, invitado por la Facultad de Ingeniería para dictar conferencias.
    Los descendientes de Carlos Vaz Ferreira están impulsando la instalación de un Museo de Sitio como testimonio de una época del Uruguay, y un Centro cultural dinámico para desarrollar actividades vinculadas a la dimensión simbólica del lugar. Para ello es necesario el apoyo de diferentes instituciones, empresas, que se interesen en este proyecto.

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Fuentes Bibliograficas
- Carlos Vaz Ferreira. Vida, obra,  personalidad.  Sara Vaz Ferreira. División Publicaciones y Ediciones de la Universidad de la República. 1984. Homenaje al conmemorarse el 112 aniversario de su natalicio.
- Recuerdos de mi padre. Matilde Vaz Ferreira.
- Folleto realizado por la familia para la visita de la Quinta el Día del Patrimonio. Año 2004.
- Revista “Anales” Nº 136, II época. Año 1946. Dedicada a Paso del  Molino, Prado y Paso de las Duranas.

Fotografías:
- Fotos 11, 12 y 14, pertenecen a la Revista Anales Nº 136. Año 1946.
- Foto 13, Revista Latitud 30/35,  Pág. 024, 025, 19/10/2000, Víctor Sevcenco y Alejandro Michelena.
- Foto 15 – Diario El Pais de los domingos.
- Foto 16 y 17  - Tania Cirio.



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Informe realizado por el Arquitecto Gabriel Peluffo Linari,
Director del Museo Blanes,  sobre la casa-quinta de Vaz Ferreira.

Casa Vaz Ferreira: Características de su valor Patrimonial

    “El presente informe se propone poner de manifiesto el complejo valor patrimonial contenido en la casa del filósofo uruguayo Carlos Vaz Ferreira, y sugerir su importancia estratégica como punto inicial para una experiencia concreta de revalorización y conservación de bienes culturales, que en este caso abarca el bien inmueble y todos los bienes muebles involucrados en él.

  • El espacio enjardinado del predio es representativo de una concepción de jardín no diseñado, librado a la competencia natural entre las distintas especies vegetales al ocupar el espacio de acuerdo al tipo de desarrollo propio de cada una, lo que ha permitido a muchos ejemplares alcanzar su estatura definitiva. Además realiza un aporte de primer orden al entorno urbano en que se implanta, desde el momento que constituye un testimonio vivo de la tipología de predios y ámbitos enjardinados predominantes en la zona del Prado y sus alrededores.
  • De acuerdo al informe que se adjunta, el edificio y su equipamiento constituyen un patrimonio histórico-cultural que puede asimilarse al concepto de “Museo de sitio”, en tanto es el propio lugar arquitectónico tal cual se encuentra estructurado constructiva y ambientalmente, lo que configura el bien patrimonial a exhibir, poniendo en escena a través de sus pinturas y sus objetos, pautas estéticas y formas de uso del espacio doméstico propias de los años veinte, con la marca ideológica del “estilo regionalista” que tuvo una importante presencia doctrinaria en el Uruguay de principios de siglo.

    Ambas circunstancias permiten afirmar que una restauración edilicia y una conservación adecuada de sus equipamientos originales no solamente darían lugar a un ejercicio museográfico específico, sino que sus espacios quedarían habilitados eventualmente para algunas actividades del propio Instituto Superior de Conservación, dando de esa manera continuidad histórica al sentido con el cual esa casa fue concebida; pues además de haber sido objeto de un diseño regionalista que hoy se constituye como testimonio único en el Uruguay, fue el lugar de tertulias intelectuales de prolongada vida a lo largo de casi cuarenta años del siglo veinte.

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Artes Decorativas y Equipamiento Arquitectónico

    Antecedentes.
    Pedro Figari, esa figura de marcado perfil como pintor, como filósofo, como político promotor de las artes, como abogado penalista de carismática y polémica trayectoria en el Uruguay del Novecientos, fue también -y sobre todo- un apasionado protagonista del debate en torno a la enseñanza industrial y artística en ese momento.
    El modelo de enseñanza que proponía el gobierno en 1910 estaba destinado a formar obreros hábiles para las incipientes industrias nacionales, mientras que la propuesta de Figari (como Consejero de la Escuela de Artes y Oficios) era formar obreros artistas “con criterio propio”, y no meramente operarios de las precarias instalaciones industriales y manufactureras existentes. De ahí su obsesión por introducir en los programas de enseñanza de la Escuela el estudio de las Artes Decorativas, estudio que tendía a una integración de arte e industria de acuerdo a las específicas condiciones locales.
    Figari obtiene del Gobierno nacional la oportunidad de aplicar sus ideas al ser nombrado Director Interino de esa Escuela en 1915. Los objetos que deberían producirse en la Escuela de Artes –como Figari la bautizó- conllevarían la marca de un diseño regionalista, de acuerdo al uso de materias primas de la región y a la invención de formas compatibles con una tradición artesanal de carácter regional.
    La experiencia pedagógica de Figari se extendió entre 1915 y 1917, pero fue lo suficientemente proficua como para señalar una orientación posibles de las artes aplicadas a procesos manufactureros con miras a un capital de productos culturales para exportación.
    Se produjeron en esos dos años más de tres mil objetos que fueron subastados públicamente en 1918. Ese esfuerzo de Figari dejó un legado que en parte fue retomado por los programas posteriores de la Escuela Industrial, aunque reducido al ámbito de labores artesanales específicas, desligadas de la trascendencia moral y cultural regional que el maestro había pretendido imprimirles.

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LA CASA VAZ FERREIRA

    1. Patrimonio integral: el legado de Figari
    Esta casa constituye el único testimonio integral de los trabajos de artesanía y diseño propiciados por la Escuela de Artes durante el interinato de Pedro Figari en la Dirección de la misma.
    El edificio data de 1919 y es uno de los primeros ejemplos arquitectónicos de la obra llevada a cabo por el equipo Bello & Reboratti en Montevideo. Pero lo que otorga singular relevancia patrimonial desde el punto de vista del equipamiento interno de los espacios arquitectónicos, es que quien realiza sus diseños es el pintor Milo Beretta principal colaborador de Figari durante el año 1916 en la Escuela de Artes. La sala del escritorio del filósofo fue concebida como un ambiente integral, habiendo diseñado Beretta los muebles de madera con sus herrajes, varias piezas de herrería, cerámicas, alfombras, pintura de cielorrasos, cortinados, luminarias y detalles diversos. Todos estos objetos llevan la impronta del “diseño regionalista” fundado por Figari. Muebles de comedor y dormitorio, de excelente factura, responden también a esa concepción del mueble con una estructura geométrica elementarista, pero con terminaciones y detalles figurativos de carácter propio.
    Los diversos espacios acondicionados con ese criterio forman una unidad de diseño resuelta según los parámetros de una arte regionalista integral, en parte inspirado en las corrientes secesionistas europeas de fin de siglo diecinueve y en la tradición inglesa de las artes y oficios.
    De esta experiencia cultural propia de los años comprendidos entre 1915 y 1925, no queda otro vestigio en el Uruguay que la casa Vaz Ferreira.
 
    2. Patrimonio de pertenencia
    El hecho de que ese edificio hubiera sido construido y concebido en sus espacios internos y externos por el filósofo más relevante del Uruguay en el siglo veinte, y el hecho de que él mismo hubiera habitado ese lugar desde 1920 hasta su  muerte, constituyen de por sí sendos atributos patrimoniales del bien en cuestión. La casa fue centro de reuniones de intelectuales durante cuarenta años, y es el monumento vivo de ideas, obras y amistades que allí se forjaron. La peculiar afición de Vaz Ferreira a la música y a la compilación de documentos relativo al ámbito de sus ideas filosóficas y humanistas, agrega otros elementos patrimoniales de gran interés, como son la extraordinaria colección de grabaciones musicales importadas de Europa –un testimonio tecnológico cultural único en el país-, y el importante archivo de papeles personales entre los que se cuenta un frondoso epistolario, manuscritos y otros documentos que obligan a pensar en la necesidad de establecer allí, conjuntamente con la posibilidad de un “museo de sitio”, un archivo de la historia de las ideas relacionadas con el pensamiento vazferriano.

    3. Patrimonio vegetal y ambiental
    El predio parquizado que rodea el edificio es también un bien a considerar desde el momento que alberga curiosas especies vegetales relacionadas entre sí de manera en parte arbitraria, otorgándole un fuerte carácter simbólico en relación a cuestiones emotivas e ideológicas del perfil intelectual de su propietario.
Un informe del Ingeniero Pablo Ross completa detalladamente las características de estos ejemplares vegetales y permite una valoración del alcance patrimonial del conjunto de los espacios verdes”.

Este informe técnico fue aportado por su autor.


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Informe Técnico sobre la Quinta de Vaz Ferreira
realizado por el Ingeniero Agrónomo Pablo Ross,
16/09/2001.

Ubicación: Calle Carlos Vaz Ferreira (ex Caiguá) esquina J.J. Arteaga.
                 Barrio Atahualpa.

Dimensiones: 63 m. de frente por cada una de las calles. Forma del terreno Cuadrada.
Área total aproximada 3969 m². La vivienda existente y veredas perimetrales ocupan un área de aprox. 384 m². Existen restos (muros) de una construcción arrimada al lindero que encierra aprox. 50 m².
Área libre 3535 m².  +  construida 434  =  Total aprox. 3969 m².

    Se puede observar los restos de dos pérgolas, una frente al acceso principal de la vivienda, de aprox. M. 12,75 de largo por m. 2,35 de ancho y otra lateral, paralela a la calle Vaz Ferreira, de aprox. m. 28,40 de largo por 3 m. de ancho.

    Una primera apreciación general de la vegetación nos permite observar la existencia de árboles de especies diversas, de pequeño, mediano y gran desarrollo, cuyas copas generan una cubierta casi continua que sombrea la mayor parte del predio (buena parte de ellos son de follaje persistente). Por el bajo asoleamiento del suelo, se ha generado un piso sin pasto (sin césped), cubierto en buena parte de su área por la acumulación de ramillas, hojas en diverso grado de descomposición y otros detritos vegetales.

    Alcanzando una menor altura, (no más de 3 o 4 m.), existen dispersos varios ejemplares de diversas especies arbustivas y cañas y en un estrato más bajo aún, subarbustos y plantas herbáceas cuya distribución no parece responder a ningún criterio organizativo, sino más bien a la capacidad de cada especie para ir expandiéndose. Aparecen algunos frutales de poco desarrollo.

    La impresión que se tiene, luego de recorrida la “Quinta” y observado el estado de la vegetación, es de estar en un espacio “verde” que quizá más por decisión que por falta de iniciativa o por un poco de ambas cosas, no ha sido manejado como lo son la mayoría de los espacios verdes o jardines convencionales que rodean las viviendas. Eso ha dado como resultado que los árboles más viejos han alcanzado dimensiones cercanas a las definitivas para su especie, acomodándose sus copas y ramas al resultado de una competencia entre los más inmediatos, al punto que algunos de ellos, los de mayor porte, presentan sus troncos principales prácticamente desprovistos de ramas.

    Por otra parte, al generarse un ambiente sombreado y que mantiene la humedad por períodos prolongados, se han visto favorecidas las especies que prefieren esas condiciones ambientales, entre las cuales los numerosos ejemplares de “ligustro” (Ligustrum Lucidum) son un claro ejemplo.

    Entre las plantas que consideramos más interesantes, ya sea por el desarrollo alcanzado o por lo poco frecuente de algunas especies en el cultivo o por las calidades y buen estado de salud de los individuos, mencionaremos como principales los siguientes:

- Araucaria bidwillii, Familia Araucariáceas. Ejemplar joven en buen estado. En lo posible despejarlo de la competencia.
- Cytharexylum montevidense “Tarumán” Fam. Verbenáceas. Hay dos ejemplares de buen desarrollo. Se trata de una especie de la Flora Indígena que se encuentra en montes de casi todo el país. Follaje persistente. Florece en octubre, las flores son pequeñas cuya característica más destacada es su exquisita fragancia. Sus frutos maduran en verano-otoño, son pequeños, de color rojo coral, y muy abundantes que hacen muy vistoso el período de fructificación.
- Ligustrum lucidum “Ligustro” Fam. Oleáceas. Hay más de 15 individuos. Los que molestan a plantas más interesantes, habría que pensar en su posible eliminación. Hay 6 ejemplares sobre la calle J.J. Arteaga a los que habría que liberar de la “Hiedra” que los cubre.
- Chorisia speciosa “Palo borracho de flores rojas”. Fam. Bombacáceas. Hay dos ejemplares de gran tamaño. Especie muy interesante por su destacada floración que se produce entre los meses de febrero y abril. Flores grandes rosado fuerte, notablemente vistosas. Uno pequeño a la izquierda del acceso.
- Jacarandá ovalifolia “Jacarandá”. Fam. Bignoniáceas. Hay un buen ejemplar. Resulta de interés especialmente en su período de floración, generalmente en el mes de octubre en que se cubre de un color celeste liláceo fuerte. Hay otro de poco desarrollo, casi dominado.
- Grevillea robusta “Grevillea”. Fam. Proteáceas. Tres individuos de mediano desarrollo. Dos individuos de buen desarrollo en el ángulo NW de la casa que sería conveniente liberarlos de la cobertura de “Hiedra”.
- Pinus canariensis “Pino de las Canarias”. Fam. Pináceas. Excelente ejemplar, uno de los más altos de la quinta. No se expresa en todo su valor por la proximidad de otros árboles.
- Eucalyptus citriodora “Eucalipto de olor a limón”. Fam. Mirtáceas. Es un gran ejemplar por las dimensiones alcanzadas. No es muy frecuente en el cultivo. Característico por su tronco blanquecino, liso, y por el agradable perfume cítrico que desprenden sus hojas al ser estrujadas.
- Enterolobium contortisiliquum “Timbó”. Fam. Leguminosas. Gran árbol de la Flora indígena. Este ejemplar de mediano desarrollo debe ser favorecido eliminando la eventual competencia de “Ligustro” y “Ombú” cercanos.
- Styphnolobium japonicum “Sófora”. Fam. Leguminosas. Ejemplar de buena altura pero limitado en su expresión general por los árboles que lo circundan.
- Cupressus torulosa “Ciprés”. Fam. Cupresáceas. Ejemplar importante, algo deteriorado. Protegerlo.
- Melaleuca styphelioides “Árbol del papel”. Fam. Mirtáceas. Árbol poco frecuente, en regular estado, liberarlo de la “Hiedra”.
- Eucalyptus fastigata “Eucalipto”. Fam. Mirtáceas. Buen ejemplar de una especie rara bajo cultivo en el país. Debe ser preservado por su singularidad.
- Cupressus sempervirens “Ciprés”. Fam. Cupresáceas. Buen ejemplar de una especie muy común que por su buen estado debería permanecer.
- Ulmus procera “Olmo europeo”. Fam. Ulmáceas. Buen ejemplar de una especie muy común. Liberarlo de enredaderas. Al lado del acceso por J. Arteaga hay un ejemplar en pobre estado, podría ser eliminado. A lo largo del muro que subsiste, cercano al lindero por el Sur hay 3 individuos semi cubiertos por “Espárrago” (Asparagus plumosus). Considerar de mantenerlos así.
- Phoenix canariensis “Fénix”. Fam. Palmáceas. Dos buenos ejemplares de una palmera muy frecuente bajo cultivo.
- Myrsine laetevirens “Canelón”. Fam. Myrsináceas. Árbol de normal desarrollo de una especie de nuestra Flora Indígena.
- Populus X deltoides “Álamo”. Fam. Salicáceas. Híbrido de esta especie de muy buen desarrollo.
- Camellia japónica “Camelia”. Fam. Teáceas. Arbusto de desarrollo normal, frecuente en quintas antiguas.
Tilia moltkei “Tilo”. Fam. Tiliáceas. Buen ejemplar de mediana edad.
- Olea europaea “Olivo”. Fam. Oleáceas. En buen estado, debe ser preservado.
- Chimonanthus praecox. Fam. Calycantháceas. Dos buenos ejemplares de un arbusto notable por la fragancia de sus flores que abren en invierno cuando está desprovisto de follaje. No muy frecuente bajo cultivo, aliviarlo de la competencia.
- Michelia fuscata “Magnolita fuscata”. Fam. Magnoliáceas. Buen ejemplar de un arbusto interesante por sus flores perfumadas y por lo poco frecuente en el cultivo. Aliviarlo de la competencia.
- Calliandra twediei “Plumerillo rojo”. Fam. Leguminosas. Arbusto indígena de muy vistosa y abundante floración roja en primavera y verano. No presenta buen desarrollo, habría que aliviarlo de la competencia.
- Magnolia liliflora “Magnolia yulán”. Fam. Magnoliáceas. Árbol de bajo porte de notable floración a fines de invierno. Preservarlo.
- Brunfelsia australis “Jazmín del Paraguay”. Fam. Solanáceas. Muy buen ejemplar, preservarlo.
- Eugenia uniflora “Pitanga”. Fam. Mirtáceas. Arbusto de nuestra Flora, de mediano porte. Aliviarlo de la competencia.

    El estado actual de la Quinta como conjunto vegetal, tendría un valor testimonial en el supuesto que la intención de quien la inició pudiera haber sido que una vez incorporadas las plantas, estas desarrollaran de acuerdo a sus posibilidades, sin intervenir como árbitro en las situaciones en las que se produjera competencia.     Por tanto, si ese fuera el caso, lo que puede sugerirse es un manejo prudente, en base principalmente a los siguientes lineamientos generales:

  • Poda de ramas secas y limpieza de los árboles librándolos de las trepadoras que, si no son retiradas, en mediano o largo plazo podrían perjudicarlos seriamente.
  • Retiro de plantas en aquellas áreas ocupadas por diversos arbustos que se han extendido de manera excesiva.
  • Retiro de árboles, arbustos y otros vegetales secos o excesivamente deteriorados, que no significan aportes visuales positivos.
  • Retiro con mucho cuidado de los arbustillos, matas y herbáceas cubresuelos, en los lugares donde se estime conveniente establecer algunos senderos.
  • Reducir la extensión del cañaveral que ocupa el ángulo noreste del predio.
  • Limpieza del piso, eliminando las ramas caídas más gruesas pero dejando ramillas finas y hojarasca en la medida que no dificulten la circulación peatonal.
  • Estudiar el retiro de aquellos individuos que han proliferado en forma predominante y cuya permanencia pudiera incidir negativamente en el conjunto.
  • Una franja del terreno, a lo largo de la calle J.J. Arteaga que está cubierta por “Hiedra” (Hedera helix) como cubresuelo, debe ser mantenida en esa situación porque está dentro del carácter de la Quinta.
  • De todos modos, en cualquier hipótesis, los ejemplares arbóreos y arbustivos existentes en la Quinta y especialmente los comentados, constituyen un conjunto que, con los ajustes indicados debe preservarse, ya que tiene no sólo un valor botánico interesante sino que es un muy buen aporte al verde del barrio Atahualpa”.

                                                                                    Ing. Agr. Pablo Ross

    Este informe técnico fue aportado por su autor.

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